Paremos todos los relojes y quedemonos hasta el infinito.

Paremos todos los relojes y quedemonos hasta el infinito.
Olvidemos lo que se espera de nosotros y hagamos caso a lo que sentimos.

viernes, 9 de marzo de 2012

B.

  Te quise desde esa primera vez en la que dijiste mi nombre y fui capaz de creer que yo valía la pena. Supe que tenías que ser tú el que me hiciera llorar todos los martes de silencios y me matara a cosquillas las tardes de los viernes. Que si había que apostar absolutamente todo lo que me quedaba por alguien, esa persona debías ser tú. Y es que tu mirada era lo más parecido a la magia que he visto nunca. Y es que aunque chispeabas, casi nunca llovías. Y es que un día me prometí que me colgaría de tu sonrisa para vivir siempre contigo. A pesar de que todo eso conllevase amoldarme a tus brazos, al remolino de tu pelo, acostumbrarme a que me hicieras feliz con cada detalle, volverme frágil si no me acariciaba tu voz, olvidar cómo conciliar el sueño sin el eco de tu risa en la cabeza. Pero hoy quiero decirte algo que mis labios jamás supieron articular. Confesarte esto que me desborda las pupilas, reunir el valor necesario para que sepas que yo, yo volvería a elegirte. Una y mil veces, tantas como las noches en que me prometí que ya nunca serías el único capaz de salvarme.

1 comentario:

  1. Increíble. Me has dejado sin palabras.
    Es precioso, y muy real..
    Sigue así, de verdad. Un abrazo

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